O, para ser más exactos, ajedrez en El Condado. Puesto que a la localidad pontevedresa de Mondariz Balneario, perteneciente a la Comarca del Condado -wikipedia y un mapa en una esquina del Pub Yago “dixit”-, acudieron los socios del Club Ajedrez Totana D. Pedro Garre y Carlos Tudela.

 

Debido a la longitud del trayecto, unos 1100 kms, para ir se hizo una escala técnica en La Mota del Marqués (Valladolid), en un pintoresco hostal de carretera un poco ajado pero con buena relación calidad precio y desayuno incluido. Quedaba un poco lejos de las salidas de ajedrez normales de agosto (por mi parte lo más distante había sido, en un par de ocasiones, el Open de Sants, en Barcelona) pero hay que ir variando y descubriendo como hacen las cosas en otros lados.

 

A mediodía del miércoles 16 llegamos al lugar para disputar el IV Open Hotel Cemar “Fernando Marcote in Memoriam”, organizado por el Club de Ajedrez Marcote. Al mismo tiempo se desarrollaba un Campamento de Ajedrez y los chavales del mismo jugaban el torneo. La mayoría de las partidas eran por la tarde con lo que por las mañanas, además de otras actividades lúdicas, los alumnos recibían clases del GM Michael Oratovsky.

 

Recordar que en las instalaciones del Hotel Cemar se encuentra la famosa Escuela Internacional de Ajedrez Kasparov-Marcote y el Colegio Marcote en donde, entre otros, estudiaron los grandes maestros Francisco Vallejo e Iván Salgado. El IV Open Hotel Cemar pertenece, según leemos en la web de la Federación Gallega, al XXX Circuito Gallego de Ajedrez, siendo el sexto y último torneo del curso 2017. De partidas lentas, se entiende -hay otro circuito de rápidas-.

 

Aparte en agosto al iniciarse nuestro torneo estaba ya terminado el Open de Pontevedra y, respecto a Mondariz, recién acababa nuestro Open empezaba un cerrado para norma de MI y GM. En dicho cerrado había un día de descanso para acudir al Open de Rianxo (y la organización proveía de un autobús para desplazarse al costo de 10 euros). Completito el mes para los que quieran ir a jugar al ajedrez a tierras gallegas.

 

El Open, se ha de decir, no tenía una nómina de participantes demasiado extensa por su parte alta ya que había sólo 15 jugadores por encima de 2000 elos. No obstante contaba con jugadores de cierta solera. Al mencionado GM Oratovsky (de Israel) hay que añadir el GM Misa Pap (de Serbia). Completaba la terna de máximos titulados el flamante Campeón de España de Rápidas Sr. David Lariño, recién llegado tras ganar en Linares. Contaba también con los Maestros Internacionales Alexei Gorbatov (de Rusia, a la postre vencedor del torneo), Pablo Cruz (valenciano) y Rafael Rodríguez (de Vigo).

 

Por otro lado estaban también por allí los Maestros FIDE Francisco Diego García Albarracín (del Club Casa del Ajedrez de Murcia, en busca de su tercera y definitiva norma de MI) y Oscar de Prado (gallego y autor de un libro bastante bueno sobre el Sistema Londres que va ya por su segunda edición), así como el escritor y Árbitro Internacional Mario Tallarico (autor del libro, de reciente publicación, “Ajedrez Insólito”, y que tuvo a bien dedicarme un ejemplar al adquirirlo durante el desarrollo del torneo).

 

Y así hasta 73 almas son las que decidieron participar en un Open bien dotado económicamente y con buenos premios por tramos y categorías. Grosso modo los Maestros, un nutrido grupo del Club de Ajedrez de la ONCE, los chicos del campamento, gallegos, gentes del norte (asturianos, vascos, ¿también de más-allá-del-muro?), portugueses, y los levantinos mencionados. No está mal la participación pero creo que hay que ir mejorándola año a año (al fin y al cabo, esta es sólo la cuarta edición) de modo que el Open sea apetecible para ajedrecistas de “lejanas” latitudes, como nosotros.

 

Aquello es un núcleo aislado entre arboladas colinas tras las que viene un pequeño valle y luego, pues bueno más colinas y más pequeños valles. La población en el valle del Tea está muy dispersa y las carreteras, aunque en perfecto estado, son muy serpenteantes. En ciertas zonas o parroquias de la comarca al parecer son típicos los cementerios cada uno a su estilo que pertenecen a un grupo de familias, que son las que tienen la llave de la pequeña ermita que hay. Esto lo vimos con nuestros propios ojos el primer día que hicimos una salida, en la que recorrimos de cabo a rabo el mencionado valle e incluso llegamos a parar en uno de los cementerios. Posteriormente según consta en la web turística de la zona y en Wikipedia resultó ser algo típico de la zona. También hay varias playas fluviales y zonas de camping. Cosa rural. Vimos muchos pequeños terrenos con vides y otros cultivos. Ganado muy pocas veces. Todo el monte lleno de árboles y helechos. Como Hobbiton pero sin puertas redondas ;)

 

Hay que coger el coche si uno quiere dar una vuelta y despejarse y para ello visitamos con asiduidad el pueblo más habitado de la zona, Ponteareas, de unos 23000 habitantes y a unos diez kilómetros del hotel. Sitio al parecer turístico (aunque en nuestro periplo no llegamos a ver museo ni monumento alguno) y con un par de calles con bares y restaurantes a ambos lados. Nuestra central de ocio, vamos.

 

A apenas un kilómetro del hotel, y en dirección contraria a Ponteareas, está el núcleo principal de Mondariz Balneario, con varios hoteles, restaurantes y, valga la redundancia, balnearios. Hay una conocida fuente que nos recomendaron visitar con aguas sulfurosas y olor (e imagino que sabor) a huevos podridos en la que es costumbre beber. Por allí decidimos no pasar. Un poco más lejos y en la misma dirección está Mondariz (a secas, también denominado por los lugareños de Mondariz-Balneario como Mondariz-Pueblo), a donde fuimos algún día a cenar y a ver lo que había y de donde es célebre la planta embotelladora de agua. Había un monumento y todo al descubridor del manantial.

Como se ha dicho había una única partida al día, por la tarde. Excepto un día de ronda doble (lo que no está mal para acortar un poco el torneo) y la ronda final, que era por la mañana (típico de los torneos, para que el personal pueda emplear la tarde en la vuelta a casa). Así que tuvimos en varias mañanas la difícil elección entre sacar el portátil de la maleta y estudiar la partida o salir a dar una vuelta. Bueno, realmente ese devaneo lo tuve yo, puesto que mi compañero Sr. Garre no se había dignado a llevar el suyo, imagino que para prevenir estos dilemas.

A la primera oportunidad giramos una mañana para Vigo y la idea resultó ser una auténtica pesadilla. Mucho tráfico y todos los parquines de la zona del puerto completos. Sin aparcamiento en ningún lado, ni siquiera a treinta manzanas de la costa. Tras dos horas dando vueltas y tras pasar tres veces o más por delante del Estadio de Balaidos, decidimos poner pies en polvorosa. A medio camino de vuelta, por la autovía, salimos en dirección Gondomar porque alguien se empeñó en que nuestro destino era un paraje de la Tierra Media.

Por carretera nacional llegamos hasta San Pedro de la Ramallosa, ya en la costa y hacia el sur de Vigo. Cruzando la Ría de Bayona por fin aparcamos en Sabarís, localidad contigua, solucionando en un solar a la salida del pueblo los crónicos problemas de aparcamiento del litoral pontevedrés. Por lo visto la localidad fue fundada por los suevos (!) en el año 573 y tiene un par de Iglesias interesantes que vislumbramos brevemente paseando por la calle principal. Cruzamos a pié la ría por un pintoresco puente románico y, viendo que era más de mediodía, decidimos comer. Encontramos un mesón al pie de la ría y allí que paramos. Un buen pulpo “a feira” y un buen vino vinieron a compensar los recorridos laberínticos por las cuestas de Vigo, que me recordaron las de San Francisco en las pelis.

 

En otra ocasión se decidió por unanimidad dedicar la mañana a visitar tanto el cercano Castro de Troña (Ponteareas) como el Castillo de Sobroso (Mondariz). Decir que “castro” en un poblado fortificado celta, de la Edad del bronce o de la Edad del hierro, existentes en toda Europa y, dentro de la Península Ibérica, típicos del cuadrante noroeste.

 

El que vimos marcaba como habitado en el siglo VI antes de Cristo, y consiste en restos de viviendas de piedras circulares y trozos de muralla exterior. Sin duda sabrán los lectores que en La Bastida de Totana hay muestras de una cultura 2000 años anterior y de mucho más esplendor (la “Troya” de occidente), con lo que aquello estaba bien pero de ningún modo nos impresionó.

 

Por otro lado por lo visto el Castillo de Sabroso se encuentra en el punto más alto de la comarca y domina el ancho valle que conduce a Portugal, por lo que en su momento tuvo una alta importancia estratégica.

 

Por último y en cuanto a salidas turísticas se refiere nos acercamos un día a Portugal, un poco a la aventura. Llegamos hasta Salvaterra de Miño (último municipio del Condado en dirección sur) y, ya en tierras portuguesas, decidimos virar hacia la costa por la Nacional 101, paralela al rio Miño.

 

Seguimos hasta la localidad de Valença do Minho y vimos unos carteles que anunciaban “fortaleza” como indicando algo cultural o un museo. Para allá que fuimos y tuvimos la fortuna de que resultó ser un castillo o fortaleza amurallada usada como “centro comercial abierto” (especializado en –por no decir saturado de- textiles), algo así como un distrito enclavado en la ciudad, mirando hacia el río y dedicado al turismo.

 

De la tierra, en comparación llana, de esa margen del Miño, pasamos a la localidad gallega de Tui. Ambas ciudades están hermanadas, conectadas por dos puentes y tan cerca que incluso un mismo trenecito turístico recorre ambas a la vez.

 

De nuevo aparecieron las sempiternas colinas y las empinadas calles que pudimos ver durante todo nuestro periplo por la provincia de Pontevedra.

 

Vimos el exterior de la Catedral de Santa María y algún rincón y callejón pintoresco. Sin más historia comimos y emprendimos el viaje de vuelta para jugar la partida.

 

 

Se celebró una noche a partir de las 11 un torneo de partidas rápidas en la sala de juego, que era además el Pub Fegatello. En esa ocasión nosotros no participamos, pero yo me decidí a inscribirme un par de noches después en el “Open Pub Fegatello” Bis. Había varios titulados, así como aficionados participantes en el Open de lentas.

 

Se ofertaban vales de 3 copas por 10 euros, una cosa llevó a la otra y al final se complicó la noche. Para jugar por la tarde hubo que hacerse una tortilla de aspirinas y, como no podía ser menos, ambos totaneros ganaron su partida. Por la noche empezábamos ya a recuperarnos y fuimos a cenar al cercano Restaurante Casa Ribero junto a Laureano Giraldo, un colega ajedrecista de Mérida que también se hallaba disputando el torneo y que, según nos contó, en los últimos años era también asiduo del Open de La Roda.

 

En lo puramente ajedrecístico Pedro Garre hizo 6 puntos y consiguió acabar en octava posición, recibiendo un premio de 100 euros en metálico. En mi opinión fue de menos a más durante el transcurso del torneo.

 

En la última ronda, su partida fue la última en acabar, ya pasadas las tres de la tarde. Se planeaba la entrega de premios para las 4 y tanto el árbitro como el organizador, D. Manuel Outerelo, estaban que trinaban. Se llegó a un final de torre y alfil contra torre en el que logró imponerse.

 

Por circunstancias que se mencionaran después, la chavalería asistente a este final estaba un poco alborotada y tan pronto exclamaba, en la entrada a la sala de juego, un “mate en diez entrando por b7” como un “ya no se gana”. No está mal, ¡una sesión de más de 5 hojas de juego para acabar un torneo después de 9 rondas, tras haber estado muchos años sin competir en estas lides!

 

Por mi parte quedé con 5.5 puntos en onceavo lugar (obtenían premio los diez primeros) pero con buen sabor de boca, tras haber tenido partidas muy competidas contra titulados (GMs incluidos) e incluso haberles ganado alguna. Por cierto que yo también llegué en la segunda ronda a un final de torre y alfil contra torre.

 

En mi caso la partida también se prolongó muchas jugadas pero no conseguí vencer a un joven cántabro -del Club de Regatas- que estaba de Campamento, Pedro Javier Gómez. Como curiosidad diré que pasadas más de cincuenta jugadas sin capturar pieza o mover peón mi rival no se decidía a reclamar tablas pero me daba un poco de palo seguir puesto que Pedro se estaba defendiendo bien, a mi entender, y paré el reloj, concediendo el empate. Pregunté al árbitro del evento Sr. Lukas Iruretagoiena si él podía intervenir pasados los 50 movimientos y raudamente me enseñó el epígrafe actualizado del reglamento.

 

Por lo visto el árbitro está obligado a intervenir y por tanto a declarar la partida tablas, aunque no haya habido reclamación de tablas, cuando hayan transcurrido 75 jugadas desde la última captura de pieza o movida de peón. Dicho sea de paso, Oratovsky para sus clases a los chavales del día siguiente introdujo este tipo de final, “especialidad” murciana, y por eso los chavales estaban enchufados “viendo” variantes de 10 jugadas en la partida última de Garre.

 

A las 5 de la tarde del miércoles 23 de agosto estábamos ya en trayecto y llegamos a Totana sobre las 3 de la madrugada, dando por finalizada la travesía de nuestro “Torneo de Agosto”. Viaje algo largo pero provechoso y me da la impresión de que me puedo despedir diciendo: ¡Salve, Galicia, los que van a volver te saludan!

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